lunes, 6 de octubre de 2008

Reportaje, Parte II





intentaremos profundizar en el origen del proceso social que se desencadena en el triunfo del “no” y la presente democracia como partes de un mismo proceso de reorganización del capital desde la dictadura hasta nuestros días, es decir, “Chile: La alegría ya viene” no es mas que una falacia política que intentaba maquillar un proceso inevitable para el beneficio de las clases dominantes de nuestro país y el capital norteamericano.

La tradición republicana de nuestro país cuenta a su haber con un pasado vergonzante, heredera de políticas internacionales en el quehacer económico en beneficio de los países industrializados y en desmedro de las naciones emergentes de nuestro continente que, a pesar de ser cuna de un sin fin de riquezas naturales, sustentan desde su génesis la pobreza y la miseria de sus pueblos.

La última dictadura militar, que oriento el destino de nuestro país, no es la primera. Desde su nacimiento hasta hoy, Chile posee tatuadas en el cuerpo de su historia veintitrés intervenciones militares, siempre en alianza con los sectores mas acomodados: Oligarquía, burguesía, Inglaterra, Estados Unidos y así.

Pero las intervenciones militares no surgen espontáneamente, mucho menos por el mero interés de la tradición marcial en manejar las riendas del país y el destino de los trabajadores y sus familias. La historia nos muestra claramente como las relaciones económicas van configurando la sociedad, como los patrones de acumulación del capital van desarrollándose en una sociedad determinada y, cuando en su seno ésta alcanza contradicciones irremediables, la crisis indica un reordenamiento del sistema, o mejor dicho, una nueva fase del modo de producción, lo que trae consigo nuevas constituciones políticas, nuevos gobiernos y por supuesto una lucha intestina al interior de las clases políticas.

Es en este sentido que intentaremos dar una perspectiva científica a lo que ya todos medianamente sabemos; El triunfo del “NO” a fines de los 80 representa una victoria para los partidos burgueses y socialdemócratas pero no para el pueblo chileno en sí, pues los intereses que levantan los móviles de “Esta victoria de la democracia” pertenecen al mismo sector que impulsó la dictadura en “El triunfo del país”.

De otro modo, intentaremos profundizar en el origen del proceso social que se desencadena en el triunfo del “no” y la presente democracia como partes de un mismo proceso de reorganización del capital desde la dictadura hasta nuestros días, es decir, “Chile: La alegría ya viene” no es mas que una falacia política que intentaba maquillar un proceso inevitable para el beneficio de las clases dominantes de nuestro país y el capital norteamericano.

Octubre de 1988 – Octubre de 2008:
20 años de democracia producto de la contrarrevolución neoliberal.


Cuando hablamos de contrarrevolución neoliberal, nos referimos fundamentalmente al proceso político económico que permitió en Chile por un lado la despolitización de la clase trabajadora y los sectores populares luego del golpe militar en 1973 como premisa social y resultado a la vez de progresivas reestructuraciones económicas tendientes a devolverle a privados lo nacionalizado hasta la fecha y reorganizar la producción y los mercados en perspectivas de los intereses de los mercados del primer mundo.

La contrarrevolución neoliberal es eje fundamental de análisis a la hora de hacer una aproximación al estudio de los diferentes procesos sociales ocurridos en chile durante las últimas tres décadas, debido al rol central que cumple en la dictadura y el actual periodo de “transición”. Comprendiendo, insistimos, a manera de aproximación, las fases fundamentales de este proceso, nos acercaremos también a la importancia del “Triunfo del No” y las condiciones actuales en el plano económico y político por el que atraviesa gran parte de nuestro país y por supuesto también la Universidad y los estudiantes.

Antes que cualquier otra cosa, para comprender lo que ha significado estos 20 años de democracia, debemos distinguir que estas últimas dos décadas corresponden a una de tres fases de un mismo proceso iniciado con la dictadura militar y que no es precisamente la fase mas alejada de los intereses que mueven este proceso sino el periodo de continuación y administración civil de un neoliberalismo maduro.

De la contrarrevolución neoliberal, que vino a golpear los procesos de cambio social que habían desarrollado los sectores populares a comienzos de los 70´ se distinguen hasta la fecha tres fases: la de 1975 a 1981, la fase fundacional; de 1982 a 1989, la de profundización y de ajustes heterodoxos, y finalmente, de 1990 a nuestros días, la fase de administración civil de una contrarrevolución ya madura[1]

El golpe militar de 1973 no constituye en sí el comienzo inmediato de la sistemática y progresiva instauración del neoliberalismo en Chile, mas bien refleja a groso modo, el último recurso de la reacción criolla y los intereses norteamericanos por derrocar el gobierno de la unidad popular, pues la vía de choque parlamentaria y el camino de la desestabilización forzada no habían dado resultados. Es a partir de 1975 que la dictadura embarca su rumbo bajo la orientación de los “Chicago Boys” en la dirección del banco central y ministerios de economía, minería, de hacienda, trabajo y previsión social y organismos como la dirección de impuestos internos, de presupuestos, ODEPLAN y la superintendencia de las AFP.

La formación de estos 25 economistas se realiza en la Universidad de Chicago, y luego de su regreso a Chile van reestructurando sistemáticamente diversos aspectos de la economía, enfocados fundamentalmente en la reducción del gasto fiscal, la privatización de sectores estratégicos de la economía, libre ingreso de inversiones y divisas y una serie de reformas en diversos aspectos de lo monetario, con el fin de un reordenamiento general de La producción social.

La necesidades de la población ya no le correspondían al estado satisfacerlas, sino al mercado, donde habitan los más diversos sectores del empresariado que movilizados por el principio básico de la acumulación, en el acto de producir mercancías como la salud, la educación o el agua, representan un golpe a la dignidad de Chile. Sin embargo el rumbo económico esta decidido y para su libre desarrollo y fortalecimiento, los aparatos coercitivos deben funcionar en su estado de máxima operatividad para frenar cualquier iniciativa por parte de la izquierda u otros sectores progresistas de intentar subvertir la situación. Dentro de este parámetro podemos ir vislumbrando el rol de la dictadura dentro de este proceso, pues para realizar de manera viable estas reformas económicas (a la vez sociales y políticas), el estado y los sectores mas acomodados del país necesitan de un gobierno militar, pues los altos y bajos de este “experimento” en Latinoamérica y el hecho de instaurar un nuevo modelo por sobre el que las masas se habían decidido a conquistar, trae de por sí una inestabilidad social con las mas diversas expresiones, desde la oposición férrea de los partidos burgueses que buscaban conquistar un estado desarrollista nacional hasta la rearticulación de diversos sectores del pueblo chileno para la confrontación del régimen, a pesar de que hoy podemos comprender que la dictadura no era el enemigo fundamental del periodo, pero sí la muralla que hacía de este proyecto de vanguardia, una vía segura.

La fuerte crisis debida fundamentalmente a la deuda externa del país durante los años 82 y 83, representa uno de los periodos mas sombríos para los Chicago Boys y por sobre todo para los sectores mas pobres de Chile, la deuda superaba el 110% del PIB, y los economistas criollos enfrentaron la situación a través políticas a corto y largo plazo. En una primera instancia se devaluó la moneda nacional, se redujo el gasto fiscal y se redujeron los salarios reales causando estragos suficientes para gatillar el descontento social acumulado por las diversas aristas que trae consigo una dictadura, aristas dignas de análisis pero que hoy debemos dejar sobre el escritorio para seguir tratando de aproximarnos a la médula del proceso que es transversal tanto al gobierno militar como al actual gobierno.

Sumado a esto, comenzaron las “negociaciones de la deuda externa”, en donde la deuda privada se convierte en deuda publica y se ofrece como pago la “capitalización” de activos productivos, es decir, comienza una segunda etapa de privatizaciones en el país devoradas por capitales transnacionales y por supuesto, seguir al pie de la letra las indicaciones del Fondo Monetario Internacional y aplicar las reformas estructurales propuestas por el Banco Mundial.

Estas medidas significaron una salida firme de la crisis de los 80´, medidas y reformas que hasta el día de hoy se continúan ejecutando por los gobiernos democráticos que basan sus políticas en la actual estructuración de la economía, legado de la burguesía criolla que tuvo como elemento clave para su victoria dos aspectos fundamentales:

a) Una vanguardia de economistas forjados en Estados Unidos que establecieron el neoliberalismo como plan estratégico de la contrarrevolución, además de tener la capacidad de superar las crisis con miras a largo plazo a pesar de haber dejado estragos en la sociedad, fundamentalmente a los sectores mas pobres.

b) Una férrea superestructura política que permitiera llevar a cabo la estrategia neoliberal, la dictadura militar que permitió superar las crisis y llevar adelante las reformas necesarias para asentar el modelo neoliberal hasta que las condiciones permitieran el asenso al “poder” de los sectores democrático burgueses.

Para el periodo fundacional y de profundización vamos vislumbrando como no son excluyentes Dictadura y Neoliberalismo, y que por motivos de presión popular y de los sectores políticos de la misma burguesía, acompañados de los intereses financieros, de importadores extranjeros y de las condiciones del mercado mundial, se hace necesaria una tercera etapa de la contrarrevolución, la administración civil, la que traería en sus entrañas también la victoria de las clases dominantes sobre la izquierda y los sectores populares mas politizados.
Los puntos anteriores son centrales a la hora de determinar la valiosa “estabilidad económica” de la que se jacta Chile en el escenario regional. Procesos distintos vivieron otros países de Latinoamérica que por no desarrollar las políticas neoliberales hasta la médula, se vieron colapsados y enfrentando crisis por la deuda externa en periodos en que las clases políticas habían retornado al poder, lo cual propicia condiciones mas agudizadas de un mismo proceso, tal es el caso del “El Caracazo, 27 de febrero de 1989 bajo el gobierno de Carlos Andrés Pérez y la crisis económica de Argentina que tuvo su desenlace en el 2001.

Neoliberalismo, desarrollo y exportación.


Si bien muchas regiones del país han visto en su seno un desarrollo no percibido antes, el modelo económico trae en sí mismo las contradicciones que hacen de él un modelo nefasto para los chilenos.

La liberalización de la economía permite por supuesto que inversiones extranjeras desarrollen la producción en nuestro país, lo que a su vez genera empleos y sustenta el desarrollo, sin embargo el conjunto de las exportaciones que realiza el país gravita fundamentalmente en la exportación de materias primas, lo que respecta a la industrialización no es mas que productos manufacturados a base de materias primas tales como harina de pescado, maderas y conservas lo que representa entonces la profundización de las exportaciones de recursos naturales mas que la fabricación y exportación de productos industriales.


No es menor mencionar que lo expuesto mas arriba es posible en aspecto importante a través de la liberalización de la economía que permite el ingreso de capitales transnacionales a invertir en nuestro territorio, esas posibilidades de inversión se sustentan en un sin número de condiciones que otorga el estado a la libre explotación de nuestros mares, suelos y por supuesto, trabajadores.


Muestra clara son las ayudas económicas a las inversiones por ejemplo, de la industria salmonera, que además de recibir capital estatal para la implementación de plantas, recibe también subvenciones para el pago de salarios, es decir, que con los impuestos que pagamos, les pagamos también a los trabajadores que producen para capitales extranjeros que poco o nada pagan de arancel por trabajar en nuestro territorio.


Respecto al empleo y el ingreso, por supuesto que la inversión aumenta el porcentaje de ocupados en el país, sin embargo, al analizar la situación durante los años noventa nos podemos percatar que son efectos cíclicos, es decir, si bien en los primeros años de la concertación el empleo indicaba resultados optimistas respecto de los últimos años de Pinochet disminuyendo el desempleo desde 22,8% al 14,2% entre 1990 y 1992; además de el ascenso del porcentaje de ocupados por hogar de un 0,92 a 1,01 personas, vemos como hacia 1994 estas cifras van estancándose y revirtiéndose, Las encuestas CASEN señalan que la tasa de desocupación pasó de 18,2% y 9,6% en 1992 al 22,0% y 11,4% en 1994 para el primer y segundo deciles respectivamente[2]


Por otro lado, el desarrollo del neoliberalismo profundizó lo que podríamos denominar el “trabajo para pobres”, es decir, el trabajo precario y con bajas remuneraciones oscilaba a principio de los noventa aproximadamente en el 45% del total de la fuerza de trabajo nacional, misma cifra para mediado y fines de la misma década, en donde los trabajadores de este sector laboral son pobres, precisamente por su condición de trabajadores no figuran como excluidos del sistema sino que el mismo mercado profundiza y reproduce la pobreza.


Y así como hay pobreza, existe también la extrema riqueza, que por las mismas condiciones del modelo productivo son acumuladas en un sector muy reducido, pues del total de empresas e industrias en el país, la gran mayoría son PYMES y muy pocas las grandes empresas pero que sin embargo son las que acumulan y concentran la mayor cantidad de capital.


La encuesta CASEN nos señala que a partir de los años 90 en Chile “los promedios del decil de hogares más ricos son casi 29 veces mayores a los ingresos del decil de hogares más pobres. Y si se comparan sus ingresos medios percápita, el ingreso de un rico típico supera en más de 50 veces el ingreso medio de un pobre”[3]


DE LA DEMOCRACIA

Premisa básica para las clases políticas, tanto del oficialismo como de la oposición es que la apertura de los mercados, la competencia internacional del país y la globalización requieren de por sí, una amplia y profunda democracia. Es el discurso común entre Bachelet y Bush, entre los países neoliberales que tienen como piso político, la defensa y profundización de la democracia a toda costa.


Siguiendo el análisis anterior podemos entender entonces que la democracia actual está relacionada íntimamente y corresponde al modelo productivo, mismo modelo reproductor de pobreza y desigualdades. Misma razón que deja la sensación de “promesas no cumplidas”, de que “la alegría nunca llegó”, sin embargo, desde siempre, la lucha democrática que encabezaron los partidos burgueses se sustentaban en la lucha por el ejercicio democrático bajo las actuales condiciones.

Condición fundamental para el ejercicio democrático nacional es la participación decidida de los actores que componen la sociedad, participación en función de los intereses de cada sector, sean compartidos o no, sin embargo, el actual modelo ha destrozado la base material que permite la organización al interior de los trabajadores.


La tasa de sindicalización ha decaído abruptamente, los datos de la Dirección del Trabajo nos muestran que la densidad sindical en Chile cayó desde un 19,2% de la fuerza de trabajo privada asalariada en 1990 a un 14,5% en el 2000. Esta última cifra se ha mantenido hasta hoy, que según muchos economistas y políticos se deben a un sinnúmero de factores tanto sociales como culturales, pero que sin embargo pasan por alto las condiciones materiales que permiten la organización sindical, es decir, el actual modelo, por la subdivisión de la producción, económicamente ha disgregado a los trabajadores a pesar de que realicen las mismas tareas.

La flexibilización laboral es una necesidad imperiosa para el actual modelo y para la actual democracia, pues permite el desarrollo de esta restructuración de la economía apoyada en los hombros de los trabajadores. Misma necesidad que permite el nacimiento de las empresas subcontratistas, donde los trabajadores realizando las mismas faenas pertenecen a distintas contrataciones, por lo mismo, no están las condiciones inmediatas para la organización y para dialogar con la empresa mandante (donde realizan las faenas) pues sus patrones son distintos y sus condiciones sociales también.

Sobre estas relaciones económicas se levantan las leyes de negociación colectiva. Actualmente la ley permite la negociación de los trabajadores organizados en “sindicatos empresa” por lo cual los sindicatos transitorios, independientes o interempresas se ven impedidos.

¿Es realmente participativo el actual sistema democrático si el modelo económico que defiende el gobierno propugna la despolitización y la desorganización de la sociedad?


La premisa social para el comienzo del fin de la dictadura militar es la despolitización. Sustentados en la excusa de la violencia política y la reacción del gobierno militar frente a esta, los partidos (en ese entonces) de oposición comenzaron a desarrollar la lucha frontal contra la dictadura a través de la batalla electoral, arrastrando al conjunto del pueblo a depositar sus ideas, su capacidad de organización, su creatividad política en la dirigencia de los partidos, descontituyendo a los sectores sociales, destruyendo también al trabajador, al poblador, al estudiantes y al profesional como sujetos sociales.

La transformación social fue radical, de las grandes protestas nacionales, de las organizaciones naturales de la población, del estudiante, la transformación fue pauteando a la generación de los 80 y muy pronto los nuevos jóvenes de los noventa tendrían íconos tan miserables como el Chino Ríos y su “no estoy ni ahí”.

La universidad no está exenta de este proceso. Es natural ver a nuestros compañeros pasar horas y horas en los pastos de las universidades de todo el país, los centros de alumnos están totalmente despolitizados y el movimiento estudiantil no existe, solo se desarrollan luchas aisladas y parceladas durante el primer semestre.

La politización no pasa por un asunto de enajenamiento, sino de tener conciencia respecto de las condiciones donde se desenvuelve el sujeto y tener la capacidad de tomar posición frente a esta.

Respecto a las clases políticas, es de menor importancia mencionar punto por punto las reformas que ha hecho la concertación a el modelo de la dictadura pues en lo absoluto transforman las leyes orgánicas que son la columna vertebral de la superestructura política de el actual sistema, al contrario, en base a el han desarrollado todas sus políticas.

El gobierno de Bachelet se ha caracterizado por tres hechos fundamentales:

a) La Reforma Previsional, que en lo absoluto impide a la banca privada accionar con los ahorros de los jubilados de Chile.

b) El Transantiago, sistema de transporte que pone de manifiesto que el mercado no puede hacerse cargo de las necesidades sociales, pues las políticas empresariales se basan en la premisa de la acumulación y la ganancia.

c) La educación, estableciendo que la educación preescolar es fundamental para el desarrollo de los chilenos, pero que en la practica, podemos observar que las nuevas salas cunas y jardines infantiles tienen bastante efectividad si se necesita a hombres y mujeres durante todo el día en el área laboral para aumentar la producción y por supuesto, por parte de los padres, para hacer dos sueldos porque los salarios reales disminuyen con las constantes alzas en el mercado.

Para finalizar el presente artículo solo planteamos las siguientes preguntas:
¿Cuál es el carácter de la democracia? ¿Es motivo de celebración estos 20 años desde el triunfo del No? ¿Cuán distinta es la sociedad después del 88?

[1] Rafael Agacino, Chile 25 años después: claroscuros, ilusiones y fisuras de una contrarrevolución madura.
[2] Cifras tomadas del CEPAL (1995)
[3] CASEN (1996), INE (1997-1998)Escribe aquí el resto

1 Comment:

carlos said...

Sin lugar a dudas el Triunfo del NO marca un periodo de contrarevolucion del pueblo, que mantiene el proceso de Dictadura enmascarado en las propuestas economicas del mercado Capitalista Neoliberal (generadas por el gobierno militar y continuadas por la concertacion), lo que desfavorace a la clase trabajadora oprimiendola y dejandola sin poder de decision.
El concepto de democracia en Chile se ha vuelto una mentira para el pueblo, hoy anelamos que aquellas bases que fueron capaces de levantar un proceso de manifestacion social y de lucha por sus derechos se levante, para que podamos construir un proceso de democracia con un real poder decision a favor del pueblo, en donde el obrero, la dueña de casa sea el sujeto constructor de la revolucion social que Chile Necesita!

QUIENES VOTARON POR EL NO. VOTARON POR LA DICTADURA CONCERTACIONISTA. VOTARON POR UNA DICTADURA LLENA DE CORRUPCION. VOTARON POR QUIENES ESTAN DESTRUYENDO a Nuestras FAMILIAS!